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Historia de Jesus.P1_12(c). LA BODA
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Viejo 26/feb/06, 14:02
starbook
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Predeterminado Historia de Jesus.P1_12(c). LA BODA

“Cuando Dios nos prometió el Nacimiento de un Hijo nacido para llevar sobre sus hombros la Soberanía ¿no pensaba en el Campeón que había de suscitarnos para liberarnos del imperio de las Tinieblas?”.
“Sí que pensaba”.
“Pero si el Maligno venció una vez al hombre más grande que ha conocido el mundo ¿no tiene razón el santo Job al presentarnos al asesino de nuestro padre Adán ante el Trono del Omnipotente todo tranquilo mientras esperaba al siguiente?”.
“Sí que la tenía”.
“Claro que sí. Quien venció al hombre más grande del mundo ¿por qué no iba a vencer a su hijo?”.
La Virgen bajó los ojos y respiró mientras ensartaba aguja e hilo. Su madre permaneció mirándola sin decir palabra. Al ratito Ella volvió al campo de batalla.
“Entonces, madre, dígame usted, ¿acaso juró Dios en falso? Quiero decir, ¿en quién estaba pensando el Señor cuando hizo aquél juramento bendito? David no había nacido aún; nuestro padre Abraham tampoco. Con su hijo pequeño muerto, nuestro padre Adán a sus pies todopoderosos desangrándose, ¿en qué Campeón estaba pensando nuestro Dios al prometernos bajo juramento sempiterno que un hijo de aquella Eva le aplastaría la cabeza al Maligno?”.
Esta vez fue Ella quien le clavó la mirada a su madre. Ésta, viéndole el rostro a su hija sólo sabía una cosa, que su hija estaba embarazada. La dulzura en el rostro, la ternura en el habla, el brillo en los ojos. Sólo tenía que decirle: Madre, estoy en estado de gracia; y en lugar de irse al grano, sin saber ni cómo, su hija la había llevado a lo alto de una montaña desde donde se veía el futuro del mundo según la mujer nacida para ser la Madre del Mesías, ese hijo de la Promesa que había de nacer para aplastarle la cabeza al Maligno.
“¿En quién estaba pensando Dios el día que sobre la sangre de su hijo Adán juró el Nacimiento del Campeón por cuya mano se cobraría Venganza? -repitió la Viuda-. Hija mía, no seré yo quien le ponga límites a la gloria de mi Creador. Yo sólo quiero que me lo digas tú”.
“¿Recuerda madre lo que escribió el profeta?: Una Virgen dará a luz y su Hijo será llamado Dios con nosotros”.
María volvió a bajar la mirada. En eso levantó la cabeza y miró a su madre directa a los ojos.
“Madre, esa Virgen la tiene delante de usted. Ese Niño está en mis entrañas”, le confesó Ella.
Mientras su hija le revelaba el episodio de la Anunciación la Viuda se quedó mirando a su hija con la visión de quien está contemplando el Corazón de Dios el día del homicidio de su hijo Adán.
Al término, inspirada por el amor tan grande que le tenía a su hija, la Viuda se derramó en bendiciones:
“Bendito sea Dios, que ha elegido a la hija de mi esposo para traernos su salvación a todas las familias de la tierra. Su Omnisciencia brilla como un sol inaccesible que, sin embargo, todos creen poder alcanzar con la punta de sus dedos. Aprieta, pero no ahoga; golpea, pero no hunde a los que ama. Bendita sea su Elegida, la que El ha formado desde las entrañas de sus padres para entregarnos su Salvador a todos los pueblos de la tierra”. Y enseguida le dijo a su hija así: “Benditas serán todas las familias de la tierra en tu inocencia, hija mía. Pero ahora, María, harás lo que yo te diga. Harás esto, esto y esto”.
El problema siguiente era José. De José se encargaría ella, la Viuda. Lo que la Madre del Mesías tenía que hacer era salir inmediatamente de viaje y permanecer en la casa de Isabel y Zacarías hasta que el Señor lo dispusiera.
Y así se hizo. La Viuda agarró a su yerno y le contó punto por punto toda la verdad. No le contó a su yerno la Anunciación como quien tiene que ocultar algo y baja la cabeza de vergüenza. Para nada. Obviamente sí con la humildad y certeza de la persona que sabe que el Acontecimiento habría de causarle a José un dilema angustioso, sobre el que habría de triunfar, y triunfaría, pero por cuyo infierno habría irremediablemente de pasar.
Y triunfó.
No obstante como imaginaréis tras la Anunciación José se pasó un tiempo bastante hundido. ¿Qué había fallado a última hora? ¿Cómo había podido una mujer de la clase moral y la fortaleza de María dejarse engañar por…?
¿Por quién? Sin que nadie lo pretendiera Ella estaba bajo vigilancia todo el día. Cuando no estaba con su madre estaba con sus sobrinos, cuando no estaba en el taller con sus obreras estaba con la familia de los hermanos de su padre. El Señor había levantado alrededor de Ella una tela de relaciones tan absorbentes que la sola idea del adulterio era una ofensa.
Después estaba Ella, María. Ella era en carne y hueso la mejor defensa que le había buscado Dios a la Madre de su Hijo.
-Lo dijo y no nos lo creímos: “Una Virgen concebirá y dará luz a un Niño”, diciendo esto José vio la luz y salió disparado. Regresó con su esposa, se celebró la boda y todo el mundo se olvidó del incidente.
Un recuerdo, sin embargo, sí que quedó. Lo digo por aquél otro incidente entre Jesús y los fariseos.
Los fariseos y los saduceos se cansaron de oir que Jesús de Nazaret era el Hijo de David. Como no sabían por dónde meterle mano indagaron en su pasado. Metieron el dedo en la herida y descubrieron aquél incidente extraño de la desaparición de su Madre durante los primeros meses de su embarazo, y cómo fue José en persona a buscarla… para….
-Ahhhh, aquí está su talón de Aquiles.
Con esta arma secreta escondida en la manga los fariseos llevaron a Jesús al tema de las primogenituras, unigenituras. Entonces uno cualquiera sacó el manual de los golpes bajos y lanzó el bombazo.
-Nuestro padre es Abraham, ¿quién es el tuyo?
A Jesús se le subió el celo que lo consumía por su Madre a la cabeza.
-Sois hijos del Diablo -les respondió con la fuerza de un huracán comprimido en la garganta.
Sólo otra vez, sólo en otra ocasión de la que no querrían acordarse verían al hijo de la Virgen saliéndole rayos de los ojos. Y ya no paraba nunca, ya no se detenía hasta saciar su cólera hasta el último átomo de ira.
En adelante entre El y ellos la partida se jugaría a cara o cruz. Cara, se los llevaba El a ellos por delante. Cruz, se cobraban la suya.
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