LOS VASCOS EN EL MUNDO
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Viejo 9/nov/03, 01:01
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Predeterminado Los Vascos En El Mundo

VASCOS

VASCOS Y PUEBLOS HISPÁNICOS

Navarros y vascos están de lleno metidos en los procesos germinales de Castilla, de Aragón y de España. Por ejemplo, la interacción del pequeño reino de Navarra con el Califato de Córdoba en los siglos IX y X, es uno de los episodios más ilustrativos del proceso formativo de Castilla, que adquiere jerarquía de reino a partir de entonces.

En el siglo XV, los vascos -a diferencia de los catalanes- no sufrieron con la unión de Castilla y Aragón. Por el contrario, el partido que tomaron las provincias vascongadas en la guerra entre Isabel y Fernando y Alfonso V El Africano de Portugal, los castellanos partidarios de La Beltraneja, y el rey Luis XI de Francia, les ganó el favor del triunfador y el reconocimiento de sus fueros, jurados solemnemente el 30 de julio de 1476 por Fernando bajo la sombra del roble de Guernika.

Para ese momento, en catalán se habían escrito los colosales monumentos de Ramón Llull y Muntaner y se estaba escribiendo El caballero Tirant Lo Blanc.

En euskera no se había escrito nada. Muy distinta habría sido la suerte de los vascos -y la de Isabel y Fernando- si éstos hubieran estado del lado del rey portugués y no hubiesen sido aliados de la reina castellana y el rey aragonés y no hubiesen detenido en Fuenterrabía al ejército de Luis XI.

El hecho fue que los vascos fueron el apoyo más constante y decisivo, de Isabel y Fernando, en sus momentos más difíciles. Ello ayudó a que, conservando sus fueros, los vascos disfrutaran de eminentes posiciones de prestigio, poder y privilegio, desproporcionados a su población, a partir del momento cuando Castilla conquista Granada en 1492, y en el siglo XVI absorbe a la mayor parte de España y engulle al nuevo mundo y el castellano llega a los niveles de perfección y belleza de su "siglo de oro".

Un divertido pero muy fiel y veraz testimonio de esta realidad, lo da Sancho Panza, cuando en su carácter de gobernador de la Insula Barataria pregunta: "¿Quién es aquí mi secretario?", a lo cual uno de los presentes responde: "Yo, señor, porque se leer y escribir, y soy vizcaíno...". "Con esa añadidura" -comenta Sancho- "bien podéis ser secretario del mismo emperador".

Los vascos -a diferencia de los catalanes- no estuvieron excluidos de la conquista de América. Para todo efecto legal y práctico los vascos eran súbditos del rey de Castilla.
A pesar de su reducida población -nunca han sido muchos- las individualidades vascas destacan en el descubrimiento y la conquista de América.

El navegante que realiza la mayor proeza de navegación de todos los tiempos, fue el vasco JUAN SEBASTIAN ELCANO.
Acompañando a Magallanes fue él, quien por elección de la marinería sobreviviente, capitaneó el primer viaje de circunferencia del mundo, cuando el irascible portugués murió flechado.

El más loco de todos los enloquecidos conquistadores fue el vasco LOPE DE AGUIRRE. Descendiendo de las alturas de los Andes peruanos, Aguirre bajó por el Marañón y el Amazonas hasta salir al mar y por allí llegó a la isla de Margarita en las costas de Venezuela, donde el fantasma del Tirano Aguirre todavía espanta sus playas y al poblado de Puerto Fermín, se le llama alternativamente El Tirano.

Y si este vasco fue cruel y sanguinario, otro vasco fue el santo y bondadoso primer obispo de México, JUAN de ZUMARRAGA, defensor de los Indios, cuya carta a Carlos V es uno de los documentos cimeros de la historia de la defensa de los derechos humanos.

El PARAGUAY fue colonizado por el vasco IRALA, MÉXICO occidental por el vasco Francisco de IBARRA, las FILIPINAS por los vascos LEGAZPI y URDANETA.

El papel de la Compañía Guipuzcoana en la formación de Venezuela en el siglo XVIII fue decisivo. El más universal e inspirado caudillo de la emancipación de los pueblos hispánicos de América, Simón Bolívar era descendiente de vascos; Urdaneta, y Arizmendi, fueron los caudillos de los dos extremos oriental y occidental de una Venezuela que se estaba formando.

El último y más feroz caudillo realista de la guerra de emancipación americana, que murió en el Alto Perú peleando por un rey que no se lo merecía, fue el vasco Pedro OLAÑETA.

Con mucha razón el vasco Miguel de Unamuno, ve la presencia vasca en la formación de los pueblos hispánicos de América, como el principal factor de su personalidad histórica. No anda descaminado.

La historia de Chile y la de Venezuela no podrían escribirse si excluyen de su quehacer, a los inconfundibles apellidos vascos. Yo mismo, humilde escribidor, con mi apellido vasco a cuestas que ya va para dos siglos y siete generaciones que pasó a esta orilla del Atlántico, me siento vasco, me creo vasco y de tanto sentirme y creerme siento como mío al pueblo de donde salió uno de mis remotos abuelos.
En todos los procesos históricos y culturales de Castilla del siglo VIII al XVI y los de España y América del siglo XVI a nuestros días, los vascos tuvieron posiciones de enorme peso y relevancia política, cultural y religiosa.

Pero a diferencia de los catalanes, los vascos no sufrieron -en calidad de entidad regional o cultural- ninguna catástrofe política, hasta su adscripción al partido Carlista en los conflictos que se iniciaron en la guerra civil de 1833 a 1840; que se repitió en 1872 y que se metastaseó en la espantosa y fratricida guerra que estalla en 1936, cuando un sector predominantemente navarro, los "requetés" Carlistas, se sumó a la rebelión franquista, mientras varias personalidades y partidos vascos apoyaron, lucharon y murieron por la República, como extremos de una realidad más compleja, en la cual no hace falta meterse para demostrar lo que aquí razono.

LOS VASCOS DEL SIGLO XIX

Por una y mil causas, a mediados del siglo XIX, se produjo un intenso proceso de industrialización del País Vasco, menos intenso o ausente en el resto de España, salvo Cataluña. En poco tiempo con el hierro de sus minas en Vizcaya y Guipúzcoa se fabricó acero y con el acero vasco, los vascos construyeron barcos, bicicletas, armas, maquinarias y ferrocarriles.

Desarrollando un talento financiero conspicuamente ausente en Madrid, que antes y después de la "restauración" había pasado de ser un molesto y soportable quiste de burócratas a convertirse en un insoportable tumor de parásitos, los vascos especialmente los bilbaínos, organizaron bancos que financiaron telares, fábricas de papel y empresas de toda índole, generando una riqueza que la perezosa burocracia madrileña dilapidaba alegremente.

Una formidable generación de empresarios vascos, modernos, eficientes, trabajadores -entre los cuales se destacaron Víctor Chávarri, la familia Ybarra, Horacio Echavarrieta, Eduardo Aznar, Federico Echavarria, y muchos más- crearon riqueza y prosperidad.

Con ello, la población vasca, siempre equilibrada o en merma, por la constante emigración de vascos a todas partes del mundo, se enriqueció y con ello, creció su animadversión por el estéril centralismo de Madrid.

Ello se enredó con los movimientos románticos de autonomía cultural propios del siglo XIX como la Renaixensa catalana pero se envenenó de un nacionalismo xenófobo racista y enfermizo. La curiosa singularidad de la historia y la cultura del pueblo vasco -indudable e innegable- empezó entonces un proceso de idealización y tergiversación y falsificación que condicionó la visión demencial que de ellos mismos tomaron algunas minorías de las nuevas generaciones de vascos, que llevaron a algunos grupos a transitar por los peligrosos caminos del fanatismo nacionalista que conducen al abismo de la violencia irracional que como cáncer maligno, se nutre de su propio veneno.

Úlima edición por tellagorri fecha: 15/feb/06 a las 01:01. Razón: Corrección estética
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Viejo 9/nov/03, 01:01
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Predeterminado URDANETA (1508 a 1568) y LEGAZPI

ANDRÉS DE URDANETA (1508-1568)natural de Ordicia. Andrés de Urdaneta
Villafranca de Ordizia 1508 - México 1568
Navegante y cosmógrafo
España


Participó en 1525 junto a Elcano en la expedición a la Especiería y en las Molucas obtuvo colaboración del rey de Gilolo para luchar contra los portugueses.

En los nueve años que permaneció en las Molucas realizó varios estudios cosmográficos, llegando a la conclusión de que no se podía cruzar el Pacífico siguiendo una línea recta. La documentación que había conseguido reunir le será confiscada en Lisboa cuando en 1535 regresaba a la península Ibérica.

Huyó a España y en 1538 forma parte de la expedición de Pedro de Alvarado al Pacífico, partiendo de Sevilla. La muerte de Alvarado en 1541 provoca que Urdaneta permanezca en Nueva España para participar en la pacificación de la región.

Felipe II le ordenó que tomara parte como cosmógrafo en la expedición de LÓPEZ DE LEGAZPI al Pacífico en 1559. Cinco años más tarde partía hacia Oceanía, explorando ese territorio para dirigirse después a Nueva España siguiendo un nuevo rumbo ya que se dirigió hacia el norte en busca de los contraalisios y la corriente de Kuro Shivo, lo que le permitió alcanzar California y recorrer la costa de Nueva España llegando hasta Acapulco en 1565.
De esta manera descubría la ruta más rápida entre Asia y Oceanía, posibilitando la posterior colonización de Filipinas.

Desde la costa oriental de Nueva España se realizan las expediciones del Pacífico en un esfuerzo por encontrar el nuevo camino de Asia, compitiendo con los portugueses. Es la segunda parte del viaje, de nuevo el mar.
Encontrar las tierras de la especiería fue el sueño de Colón y el principal motivo de los sucesivos viajes que tuvieron lugar en el siglo XVI por aguas del Pacífico.

Una exploración emblemática fue la de Magallanes, descubridor de las Filipinas, y Elcano, continuador del viaje y primer español en dar la vuelta al mundo. Ellos fueron el arranque de las sucesivas expediciones que tuvieron lugar a lo largo del siglo.
García de Loaísa, en 1525, siguió los pasos de Magallanes por orden del emperador, en su empeño por llegar a las Molucas.
Alvaro de Saavedra en 1527 fue con intención de descubrir otras islas y tierras productoras de especias y Villalobos, en 1542, partió del puerto de Navidad, para asegurar el control de aquellas islas del Pacífico que estuviesen bajo jurisdicción española.

Fue LEGAZPI en 1564 el que salió con la misión de colonizar las Filipinas y encontrar un camino de regreso para comunicar ambos continentes. Muchos quintales métricos de especias cambiarían por completo los modos de funcionamiento de los mercados europeos.

Andrés de URDANETA descubrió el "TORNAVIAJE" en 1565, una nueva ruta por el Norte que escapaba de los temibles alisios.
Este descubrimiento permitió la existencia de una comunicación regular entre Filipinas y Nueva España.
En el virreinato, un largo camino terrestre -"el Camino de los Virreyes"- comunicaba la ciudad atlántica de Veracruz con la capital, y ésta con el puerto de Acapulco, en el Pacífico, a través del llamado "Camino de Asia".

Filipinas situada en el trópico y rodeada del océano Pacífico y de los mares de China y de las Célebes, está compuesta por más de siete mil islas.
Filipinas ha sufrido durante su historia los efectos devastadores de los temblores y terremotos: cuenta con más de cincuenta volcanes.
Filipinas, formada por un crisol de pueblos e influencias diversas ha sido punto de encuentro de numerosas migraciones.
Filipinas se puebla de comerciantes extranjeros a partir del siglo X: los musulmanes se implantan en las zonas meridionales y los chinos en Luzón.
Filipinas, de baja densidad de población y con formas de cultivo itinerantes era un país sin ciudades, su urbanización coincide con la llegada de Occidente en el siglo XVI.
Filipinas amplía sus relaciones comerciales tras la llegada de los españoles, no sólo con los países de su entorno, sino con otros mucho más lejanos, a través de una amplísima red comercial que unía todos los continentes.
Filipinas se mantuvo bajo la Corona española hasta 1898, mientras, muchos de los territorios vecinos pasaban a estar, sucesivamente, bajo la influencia de diferentes potencias europeas: Portugal, Francia, Holanda, Gran Bretaña, ...

RELACIONES INICIALES ENTRE MÉXICO Y JAPÓN.


España, después de conquistar las Filipinas realizaba todo tipo de intercambio con Oriente a través de la Nueva España, nombre que a la sazón tenía el territorio que actualmente es México. El espíritu explorador y de aventura que se había desarrollado en España, hizo renacer su inquietud de siempre de llegar al Japón para incrementar su comercio.

En 1561 Fray Andrés de Urdaneta recibió ordenes de que, siguiendo la ruta de Acapulco a las Filipinas, buscara unas islas que debieran estar entre el continente americano el chino, en especial aquellas islas japonesas ricas en oro y plata.


Sin embargo, fue hasta enero de 1564 cuando Fray Andrés de Urdaneta zarpó del puerto Barra de Navidad con la flota de expedición dirigida por Miguel López de Lagaspi, y con la orden de la Audiencia de México, de que en caso de encontrar dichas islas, deberían tratar amistosamente sus habitantes, quienes ya tenían fama de ser excelentes trabajadores.


En el año de 1567, Legaspi envió al Rey de España, Felipe IX el informe que existían grandes islas en Filipinas, como Luzón y Midoro, mismas que fueron colonizadas por su expedición, y donde chinos y japoneses llegaban para fomentar su comercio.

En 1575, Juan Pacheco Maldonado informó a Felipe I sobre el comercio que realizaba Japón en Filipinas. Este era muy extenso, con variados artículos de intercambio, ya que los barcos japoneses que llegaban a Manila llevaban trigo, carne salada, cuchillería, biombos, jaulas, vasijas con dibujos de oro sobre laca, abanicos de papel, etc.

Al regresar, su carga consistía en oro, piel de venado, vasijas de barro, ahuizcle, seda cruda, vino, espejos y otras mercancías europeas que habían sido enviadas desde México. Los españoles que visitaban Filipinas, algunos de ellos nacidos en México, tenían su centro de actividades en este país. Así fue como se inició el primer contacto comercial entre México y Japón.


En 1609, ocurrió el acontecimiento histórico muy importante entre la Nueva España y Japón; Don Rodrigo de Vivero, Gobernador de las Filipinas en su viaje de regreso a México, naufragó frente a las costas del Japón.

Los japoneses auxiliaron a 370 náufragos y les brindaron su hospitalidad durante el tiempo que hubieron de permanecer en Japón. Asimismo Vivero fue recibido por el segundo Shogun Tokugawa en el Estado actual de Tokio, y posteriormente, se entrevistó con Ieyasu (fundador del Shogunato Tokugawa) en Sumpu, actual prefectura de Shizuoka.

En la segunda entrevista que Vivero tuvo con las autoridades del gobierno japonés, se hicieron negociaciones sobre intercambio comercial, navegación, cooperación técnica y sobre divulgación de la fe Cristiana. Vivero solicitó que en la costa oriental de Japón se construyera una factoría con instalaciones de almacenes y astilleros para los barcos españoles. También requirió que se construyeran templos para ser atendidos por los misioneros españoles, y que a todas las delegaciones enviadas el Rey de España les fuera dispensado un trato honroso, así como se prestara toda la ayuda necesaria a los españoles en caso de naufragio. Además demandó que se expulsaran a los holandeses de la isla con quienes Japón mantenía tratos comerciales.


Ieyasu pidió a Vivero la apertura del comercio con España, y el envío de mineros especialistas en plata, pilotos y marineros de la Nueva España, ya que en esa época Japón carecía de la tecnología occidental y prácticamente se encontraba en desventaja en cuando al desarrollo de dichas técnicas.

Después de permanecer por un tiempo visitando las islas japoneses, Vivero partió con su misión y con algunos japoneses del puerto de Uraga hacia Acapulco, en el Barco de San Buenaventura de 120 toneladas, construido anteriormente en Japón con la ayuda técnica del ingeniero inglés William Adams, según indicaciones dadas por Ieyasu.

Luis de Velazco II, Virrey de la Nueva España dio una buena acogida a los jóvenes que llegaron con Rodrigo de Vivero en México, y convocó a su consejo, en donde se discutió el envío de la expedición para descubrir las fabulosas islas abundantes en oro y plata, que suponían existir en Japón.

En esta junta se decidió enviar una misión bajo el mando de Sebastián Bizcaino, en viaje directo al Japón, para agradecer a Ieyasu e Hidetada la hospitalidad brindada a Vivero y devolver los cuatro mil ducados que Vivero debía al Japón, además del costo del Barco de Buenaventura.


Vizcaíno salió de Acapulco el 22 de marzo de 1611y llegó a Uraga el 10 de junio del mismo año, llevando consigo la respuesta del virrey a la carta de Ieyasu, los retratos del Rey de España, de la Reina y del Príncipe, también regalos, entre otros un reloj hecho en Madrid en 1581, el primero que se vio en Japón y que actualmente forma parte del tesoro del templo Toshogu del monte Kuno.

Después de su visita a Edo y Sumpu, Vizcaíno organizó una expedición para emprender la infructuosa búsqueda de las "islas ricas de oro y plata". Además la situación política japonesa había cambiado notablemente, comparada cuando estuvo Vivero, de modo que Vizcaíno no pudo concretar nada en sus negociaciones.






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Viejo 9/nov/03, 01:01
tellagorri
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Predeterminado Juan Sebastián ELCANO

Juan Sebastián Elcano nació en Guetaria (Guipúzcoa). Era hijo de Domingo Sebastián del Cano y Catalina del Puerto, por lo que frecuentemente se le cita en la documentación como “Del Cano”.
Sus padres fueron unos pescadores acomodados con casa y embarcación propias y tuvieron otros cuatro hijos, dos de los cuales fueron marinos.

Sebastián fue pescador desde su adolescencia y llegó a tener una nave de 200 toneles, con la que sirvió en la flota marítima que auxilió al Gran Capitán en las campañas de Italia, así como en las operaciones realizadas por el ardenal Cisneros contra las plazas de Orán, Bujía y Trípoli.

No recibió ninguna compensación a cambio y se vio obligado a hipotecar su embarcación a unos mercaderes vasallos del Duque de Saboya. Como no pudo devolverles el préstamo no tuvo mas opción que venderles el buque, cosa que estaba prohibida (vender embarcaciones armadas a extranjeros en tiempos de guerra).
El Cano se vio perseguido por la Justicia y abandonó su tierra natal, donde dejó su hijo Domingo del Cano, que había tenido en María Hernández Dernialde.

Junto a Magallanes inició la primera vuelta alrededor del Mundo, y la finalizó al frente de 12 hombres, tras haber muerto en Filipinas Magallanes y la casi totalidad de la flota.

Elcano gozó entonces de casi tres años de tranquilidad bien merecida. Los pasó en la corte vallisoletana y tuvo amores con María Vidaurreta, en la que le nació una hija (a la que dejó una manda de 40 ducados en su testamento). Asistió a las juntas de Elvas y Badajoz y finalmente pidió permiso para enrolarse en la nueva expedición que se enviaba al Maluco, la de frey García Jofre de Loaysa. Se le nombró lugarteniente del General y Piloto mayor de la armada. Embarcó en la nao “Sancti Spiritus”.

La nueva armada para la Especiería zarpó de la Coruña el 24 de julio de 1525 con seis naos y afrontó toda clase de desdichas. Se perdieron dos naves antes de llegar al Estrecho; confundieron además la entrada de este; perdieron la nao “Sancti Spiritus” en una tormenta y desertó la “San Gabriel”. La armada cruzó el estrecho de Magallanes el 26 de mayo de 1526 e inició la travesía por el océano Pacífico. Una tormenta dispersó las naves el 2 de junio y el 30 de julio murió frey García Jofre de Loaysa. Elcano asumió el mando de la flota, pero por poco tiempo, pues falleció también el 4 de agosto de 1526, abordo de la Capitana “Victoria”.

Antes de morir hizo testamento nombrando heredero de sus bienes a su hijo Domingo del Cano, y disponiendo que si este muriera sin herederos pasara todo a su hija. Como albacea de sus bienes nombró a su madre Catalina del Puerto, que debía estar viuda, habiendo tenido la enorme satisfacción de ver a su hijo caballero y famoso, por haber capitaneado la primera nave que dio la vuelta al mundo.





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Viejo 9/nov/03, 02:02
antondebedua
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Predeterminado Francisco de IBARRA -1562 /En México

Francisco de Ibarra (1538-1575), conquistador y descubridor español.
De origen GUIPUZCOANO, pronto viajó al virreinato de Nueva España. En 1554, partió desde la ciudad de Zacatecas hacia los territorios del norte mexicano, en una expedición promovida por su tío, Diego de Ibarra, que combatía a los chichimecas y había fundado cinco años antes dicha villa.

Tras descubrir distintas minas de plata y fundar algunas ciudades, en 1562 fue designado adelantado y CAPITAN GENERAL de la zona que pasó a denominarse NUEVA VIZCAYA (aproximadamente, los actuales estados mexicanos de Durango y Chihuahua así como parte de Coahuila).
Un año después, fundó las ciudades de DURANGO (en la actualidad, Victoria de Durango) y Nombre de Dios.
A partir de 1564 procedió a conquistar los territorios septentrionales de Sinaloa, erigiendo nuevas villas, como San Juan Bautista de Carapoa (hoy, El Fuerte) o San Sebastián (actualmente, Concordia). Falleció, en 1575, en la región de Sinaloa.

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Viejo 9/nov/03, 02:02
beltrandebonlieu
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Predeterminado Simón de BOLIVAR /Venezuela

Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios y Blanco nació en Caracas en 24 de julio de 1783 de don Juan Vicente Bolívar y Ponte y doña María de la Concepción Palacios y Blanco. Nacido un aristócrata, Simón Bolívar recibió una excelente educación de sus tutores, especialmente Simón Rodríguez. Gracias a sus tutores, Bolívar conoció las obras del movimiento filosófico del siglo XVIII y también las de Grecia y Roma clásica.


A la edad de nueve años el joven Bolívar perdió sus padres y quedo en cargo de su tío don Carlos Palacios. A la edad de quince, don Carlos Palacios lo mandó a España para continuar con su educación.

Bolívar viajó hacia España en 1799 con su amigo Esteban Escobar. Al hacer este viaje, se detuvo en la Ciudad de México donde se encontró con el virrey de Nueva España quien quedó alarmado cuando el joven Bolívar discutió con confianza acerca de la independencia americana. Llegó a Madrid en junio de ese año y quedándose con su tío Estaban Palacios.

En España, Bolívar conoció a María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza con quien se casó poco después en 1802. Poco después de volver a Venezuela, en 1803, María Teresa murió de fiebre amarilla. Su muerte afectó grandemente a Bolívar quien juró nunca casarse de nuevo. Promesa que mantuvo el resto de su vida.

Después de perder su esposa, Bolívar regresó a España con su tutor y amigo, Simón Rodríguez, en 1804. Mientras en Europa presenció la proclamación de Napoleón Bonaparte como Emperador Francés y después asistió a la coronación de Napoleón como Rey de Italia en Milán. Bolívar perdió respeto por Napoleón, a quien él consideró un traidor a las ideas republicanas. Pero era en Italia que Bolívar hizo su famoso juramento sobre el Monte Sacro de Roma de no descansar hasta que América sea libre.

Bolívar regresó a Venezuela en 1807 después de una breve visita a los Estados Unidos. En 1808 Napoleón instaló a su hermano, José, como Rey de España. Esto instigó una gran revolución popular en España conocida como la Guerra Peninsular. En América, como en España, juntas regionales se formaron para luchar contra el nuevo rey. A diferencia de las juntas españolas, las juntas americanas lucharon contra el poder del rey, no solo la persona de José Bonaparte.

Ese año, la junta de Caracas declaró su independencia de España y Bolívar fue enviado a Inglaterra con Andrés Bello y Luis López Méndez en una misión diplomática. Bolívar regresó a Venezuela y el 3 de junio de 1811, dio su discurso en favor de la independencia americana a la Sociedad Patriótica. El 13 de agosto, fuerzas patriotas bajo el comando de Francisco de Miranda lograron una victoria en Valencia.

El 24 de julio de 1812 Miranda se rindió después de varios desastres militares y Bolívar pronto tuvo que huir a Cartagena. Allí, Bolívar escribió su famoso "Manifiesto de Cartagena" en el cual manifestó que Nueva Granada debería ayudar a liberar Venezuela porque su causa era la misma y porque la libertad de Venezuela aseguraría la libertad de Nueva Granada. Bolívar recibió la asistencia de Nueva Granada y en 1813 invadió Venezuela. Entró a Mérida el 23 de mayo y fue proclamado "Libertador" por el pueblo. El 8 de junio Bolívar proclamó la "guerra a muerte" en favor de la libertad. Bolívar tomó Caracas el 6 de agosto y dos idas después proclamó la segunda república venezolana.

Después de numerosas batallas, Bolívar tuvo que huir nuevamente y en 1815 tomó refugio en Jamaica de donde escribió su "Carta de Jamaica". Ese mismo año Bolívar viajó a Haití y solicitó a su presidente, Alejandro Sabes Petión, ayudar a la causa hispanoamericana. En 1817, con ayuda de Haití, Bolívar regreso al continente para continuar luchando.

La Batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819 resultó en una gran victoria para Bolívar y el ejército de la revolución. Ese año, Bolívar creó el Congreso de Angostura que fundó Gran Colombia (una federación de las presentes repúblicas de Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador) la cual nombró a Bolívar presidente. Durante los próximos años la oposición realista fue eliminada. Después de la victoria de Antonio José de Sucre sobre las fuerzas españolas en la Batalla de Pichincha el 23 de mayo de 1822 el norte de Sudamérica fue liberada. Con esa gran victoria Bolívar preparó para marchar con su ejército para cruzar los Andes y liberar Perú.

El 26 de julio de 1822 Bolívar tuvo una conferencia con José de San Martín en Guayaquil para discutir la estrategia para la liberación de Perú. Nadie sabe que ocurrió en la secreta reunión entre los dos héroes latinoamericanos, pero San Martín volvió a Argentina mientras Bolívar preparó para la lucha contra el último bastión español en Sudamérica.

En 1823 Bolívar tomó comando de la invasión de Perú y en septiembre llegó en Lima con Sucre para planear el ataque. El 6 de agosto de 1824 Bolívar y Sucre juntos derrotaron el ejército español en la Batalla de Junín. El 9 de diciembre Sucre destrozó el último valuarte del ejército español en la Batalla de Ayacucho, eliminando la presencia española en Sudamérica.

El 6 de agosto de 1825 Sucre creó el Congreso del Alto Perú cual creó la República de Bolivia en honor de Bolívar. La Constitución de 1826, aunque nunca usada, fue escrita por Bolívar mismo. También en 1826 Bolívar creó el Congreso de Panamá, la primera conferencia hemisférica.

Pero en 1827 debido a rivalidades personales entre los generales de la revolución, explotaron guerras civiles que destrozaron la unión sudamericana por cual Bolívar había luchado. Acorralado por guerras faccionales y sufriendo de tuberculosis, El Libertador Simón Bolívar murió el 17 de diciembre de 1830.




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tellagorri
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Predeterminado Don Pío BAROJA y Don Miguel UNAMUNO


Si Unamuno es el más grande pensador vasco de todos los tiempos, Baroja es el más grande novelista. Nadie ha descrito mejor que Pío Baroja el color, calor, carácter, idiosincrasia y fuerza vital de los vascos. Cuentos como "La dama de Urtubi" o novelas como Zalacaín el aventurero hacen que todo el que se deleite en su lectura, sienta una profunda simpatía por todo lo vasco y se encariñe con sus personajes vascos.

A los pocos días del ruidoso discurso de Unamuno en Bilbao, Baroja dio su opinión acerca de lo sostenido por su paisano en relación al vascuence. Lo hizo con su lapidaria ironía y la exquisita sencillez lógica de su prosa: "Para un castellano" -escribió- "lo dicho por Unamuno es una revelación; para un éuscaro es una blasfemia; para un vascongado inteligente, es una verdad que está harto de saberla".

Baroja estableció así la contradicción de la anti-inteligencia de los bizcaitarras de Sabino Arana que tomaron como una blasfemia lo que Unamuno les había dicho acerca de su absurdo y anacrónico euskarismo; y la inteligencia de vascongados que como él, eran los insultados por los disparates lingüísticos e históricos del para entonces incipiente y hoy triunfante nacionalismo separatista vasco.

"El vascuence no ha sido ni es una lengua literaria o filosófica" afirmó Baroja, "ha venido estrecha a todos los vascongados que han tratado de expresar sus pensamientos en él".

Baroja describió en 1901 a los seguidores de Sabino Arana, sin sospechar la profética actualidad que sus palabras van a tener un siglo después: "Si algunos han querido demostrar que el vascuence es una lengua que puede transformarse en un idioma literario y científico" -dijo- "ha sido un corto número de chiflados y un gran número de éuscaros carlistas con disfraz de filólogos que creen que toda la verdad del mundo está encerrada en ellos".

Para Baroja, la filiación política de ese absurdo estaba clara: "El éuscaro ha sido el padre del bizcaitarra y el carlista el padre del éuscaro. El euscarismo comenzó a manifestarse con energía después de la guerra y de que el Gobierno de la restauración quitase los fueros".

"En esa época y a consecuencia de esa medida" -dice Baroja- "todo el elemento carlista y reaccionario se sintió impulsado por una misma aspiración tradicionalista y como caballo de batalla tomaron los éuscaros el vascuence y trataron de hacer una restauración histórica, lingüística y literaria de él".

Baroja, que hablaba éuscaro mejor que Sabino Arana y conocía los pueblos y valles más escondidos de sus cuentos y novelas vascas, dice: "El euscarismo no encarnó en el espíritu del pueblo y no puede hacer literatura vascuence digna de ser estimada". Y si no lo pudo hacer entonces, menos lo ha hecho con la euskaldunización compulsiva que se inició en 1979 y que 20 años más tarde, el más benévolo balance que se haga de la relación entre su costo y su resultado, revela un rotundo fracaso que la estupefacción colectiva del nacionalismo separatista no quiere admitir.

Baroja sentenció proféticamente en 1901, que lo que entonces se logró con ello "fue introducir la afectación, el engolamiento, la cursilería entre los que escribieron en vascuence, de tal modo, que no ha habido poeta vascongado moderno que no haya recurrido a la trompa épica para tocar en falsete aires en honor de la Madre Euskeria del Padre Aitor y de otra porción de entes tan ridículos como fantásticos".

Y ha sido el engolamiento, la cursilería, la ridiculez y la fantasía lo que hoy se ha resucitado, al extremo de convertir fantasías lingüísticas e históricas en dogmas en cuyo nombre algunos se consideran con el derecho de insultar, ofender, agredir vejar y matar a todo el que exprese una opinión contraria y se resista a montarse en el carrusel de falsedades en las cuales se apoya el separatismo.

Baroja remata diciéndoles algo que hoy se puede repetir sin perder un átomo de actualidad: "Ninguno de esos poetas se han dirigido a la tierra y han ido a ver al vasco tal como es.
No han hecho más que fantasear y mentir: han pintado vascongados de plomo, costumbres para ser representadas en los escenarios madrileños del género chico: todo lo han falsificado de un modo repulsivo". "Han llegado a querer demostrarnos que los vascos, cuando eran salvajes, ya creían en un Dios único, cosa que asegura el sabio jesuita Larramendi, probablemente en un rasgo de humorismo". "De esas piadosas mistificaciones hay a montones, inventadas por los éuscaros".

Hoy, el pueblo de Unamuno y Baroja estupefacto, vive en un clima de terror. Las caras de quienes se atreven a discrepar de la versión estupefaciente que de su lengua y su historia tiene la minoría que los gobierna, aparecen en fotografías en el centro de la mira de un fusil.
Sus casas son pintadas con frases alusivas a su inminente muerte. Más de la mitad de los vascos, y las tres cuartas partes de los alaveses que no hablan ni entienden euskera ven impedido su acceso a cargos públicos, y deben escuchar y ver una radio y una televisión que habla en una lengua ininteligible, pero que ellos sostienen con sus impuestos.

El miedo la estupefacción y no la convicción de los vascos que viven en pueblos pequeños donde es imposible votar en secreto, sigue eligiendo diputados alcaldes y concejales del partido brazo político de la banda asesina.
Los españoles de otras regiones, que se ganan el pan en el país vasco son vejados y tratados de "maquetos". En la Universidad de Deusto, regentada por jesuitas, impera el terror, no la libertad de cátedra.

De poco sirvió lo que Miguel de Unamuno y Pío Baroja dijeron y advirtieron hace un siglo. Las ideas estupefacientes de Sabino Arana fueron preferidas y triunfaron.

Los escritos de Unamuno y Baroja están hoy políticamente proscritos del país vasco. Sus ideas, sus reflexiones sus raciocinios son desconocidos por la juventud vasca, cuya educación ha sido secuestrada por los seguidores de Sabino Arana. Y mientras esto no cambie, el remolino del estupefaciente seguirá moliendo y matando.

Úlima edición por tellagorri fecha: 15/feb/06 a las 01:01.
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tellagorri
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Predeterminado La Falacia Del Euskera

LA FALACIA DEL EUSKERA

Si es cierto que los derechos históricos forales vascos son innegables y su fuerte carácter regional les otorga un derecho histórico a la autonomía de su gobierno local como la que han logrado y hoy disfrutan; a diferencia de Cataluña y del catalán, con la lengua vasca no había ni hay nada que hacer "renacer" porque no hay, ni ha habido nunca, nada que merezca llamarse "literatura vasca".

Los derechos forales vascos se escribieron en castellano. El primer libro escrito y publicado en lengua vasca vio la luz, con la rareza de un fósil en 1545, cuando el quechua, el aymará, el nahua, el tolteca, el maya y el guaraní -que eran y son lenguas más ricas, expresivas y desarrolladas- eran vertidas al alfabeto fonético castellano y transcritas o traducidas sus expresiones literarias a la lengua de Castilla y vaciadas en ellas los catecismos y leyes del nuevo orden hispánico de América. Nada de eso sucedió en el País Vasco, porque no era necesario.

Las crónicas históricas de Castilla y Cataluña se escribieron por orden de sus monarcas en el siglo XIII en castellano y catalán. Las primeras historias regionales de las provincias vascas, son una artificialidad propia del siglo XIX, y no una genuina expresión de realidades.

La primera sistematización de la lengua vasca, que no merece el nombre de gramática, fue la del jesuita Manuel de Larramendi, del siglo XVIII. El enigma de su origen llevó en 1815 a Juan Bautista Erro al disparate mayúsculo de afirmar que el euskera era la lengua de Adán.

El innegable hecho que no existen expresiones literarias vascas ni nada en lengua vasca que se parezca ni remotamente al Cantar del mío Cid o al Quijote en castellano, a Os Lusíadas en Portugués, ni a la colosal obra del formidable Ramón Llull, las Crónicas de Muntaner o al Tirant lo Blanc de Martorell en catalán o al Popol Vuh de los mayas, se intentó contrariar creando una literatura artificial e indigestible para nadie por lo fea, tosca y dura e ilegible para la mayoría de los vascos.

La verdad es que si no hay, ni ha habido literatura vasca escrita en lengua vasca, sí ha habido y hay una riquísima y hermosísima literatura vasca escrita en castellano. En esa literatura vasca se expresa con el poder, la riqueza la belleza y la universalidad del castellano, la fuerte personalidad e idiosincrasia del pueblo vasco.

El carácter vasco se manifiesta en la vida y la obra de un Ignacio de Loyola. Su ascetismo, su disciplina, su fervor, su autoritarismo, son vascos, ¡vasquísimos!

Si Ignacio de Loyola hubiera escrito sus Ejercicios espirituales o los Estatutos de la Compañía de Jesús en euskera, ni los jesuitas habrían sido lo que fueron, ni Ignacio de Loyola, habría sido el vasco más famoso e influyente de la historia.
Y el que no lo escribiera en vasco, no le resta un gramo al vasquismo de la vida y la obra de Loyola. Ni uno. El carácter y la vida de los vascos se expresa torrencialmente en las obras del vasco Pío Baroja -para mi gusto- el más grande novelista español del siglo XX.

Ninguna obra escrita en la tosca y pétrea lengua vasca podría jamás expresar lo que Baroja trasmite de los vascos en sus Trilogías de la tierra vasca, La casa de Aizgorri, El mayorazgo de Labraz o Zalacaín, el aventurero. Los agridulces personajes barojianos, unos desequilibrados, otros aventureros de alma generosa y noble, todos de un humor y una conducta lógica y a la vez absurda, son lo más vasco que pueda darse.

LAS MENTIRAS DE SABINO

Pero cada cabeza de vasco es un mundo y cada pluma vasca pinta a su pueblo y escribe su historia, no como fue, sino como quisiera que hubiese sido y quiere que sean.

Pío Baroja pinta a los vascos como un agregado contradictorio de carlistas y anarquistas, aventureros del mar y contrabandistas de la montaña, ilusos y pragmáticos. Ramiro de Maeztu, interpreta el dinamismo económico vasco del siglo XIX como el factor esencial de la historia vasca.

Unamuno ve la historia vasca como parte esencial e integral de la historia castellana, y como tal, parte integral de la historia de los pueblos hispánicos de España y de América.

En el variado menú de literatura vasca, mi gusto se inclina a favor de quien veo como el mejor y más cabal intérprete del significado histórico de Castilla en la formación de los pueblos hispánicos y de la participación que en ella tuvieron los vascos: el vasco Miguel de Unamuno.

Desde Ramón Llull, en el siglo XIII hasta Andrés Bello en los comienzos del siglo XIX, los pueblos hispánicos no han producido un genio enciclopédico de las letras más universal, más rico, más variado, más atractivo que el vasco Miguel de Unamuno. Y no hay vasco que sea más vasco que Don Miguel ¡mecáchis!

En el otro extremo del desacierto, y fuera del campo de la interpretación histórica filológica o literaria -no podría estar dentro de ella- en el siglo XIX, aparece Sabino Arana (1865-1903) creador de un movimiento político que definía a los vascos como nacionales de un país con un derecho natural y racial a la secesión y la independencia de España. Arana olvida el aporte vasco a su creación y engrandecimiento, y niega que fuera parte de ella.

Así fue como en un momento histórico fértil para la germinación de disparates parecidos, Sabino Arana sembró el veneno de una república vasca independiente, constituida por siete provincias, formada por Vizcaya, Guipuzcoa y Alava, las tres provincias vascas francesas, y falsa y arbitrariamente, a Navarra.

Cuando el esperpento del orden político creado por Cánovas del Castillo colapsó en la dictadura militarista y cuasi fascista de Miguel Primo de Rivera en 1923, y ello llevó a la caída de la monarquía en abril de 1931, un sector del separatismo vasco pensó que era su hora en la II República Española, que surgió de allí.

Sin entrar en muchos detalles, este contexto histórico-político, fue favorable para que un grupo de poetas vascos; Lizarde, Lauxeta, y Orixe, intentaran la tarea de inventar una literatura vasca que en el milenio de su existencia no se había producido.

La guerra que estalló en 1936 y el bombardeo de la histórica población de Guernica por la aviación nazi aliada de las fuerzas nacionales, cuyo recuerdo todavía hace vibrar la indignación a toda persona sensata y sensible, fue -en todo sentido- una tragedia cuyas repercusiones se sienten en nuestros días.

Sin dejarme arrastrar por la alienante polémica política, que no tiene cabida en un ensayo de estas dimensiones y propósitos, el hecho fue que, sea cual fuere la opinión que se tenga y el lado que se ocupe en la cuestión autonómica de los vascos, lo cierto es que la LENGUA VASCA ES EL CASTELLANO.

No hay movimiento político, por más exitoso y popular que sea, o por más violencia que practique, que pueda rehacer la historia al extremo de inventarla, y mucho menos, que pueda darle a la lengua vasca una historia que no tiene y unas expresiones literarias que nunca tuvo.
Todo intento por imponer tamaña artificialidad coactivamente, es un salto atrás.

El euskera es un anacronismo sin pasado ni futuro posible. Encerrarse en una lengua pobre, apta para servir de lengua clandestina de contrabandistas y guerrilleros, inadecuada para recoger o expresar cultura, es el mayor desatino imaginable.
La lengua del pueblo vasco ha sido, es y será el castellano. Punto.
En ella se expresaron Ignacio de Loyola, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Miguel de Unamuno y tantos otros, que son la mayor y más auténtica gloria del pueblo vasco y que como tales, son honra y patrimonio de la cultura de todos los pueblos hispánicos.
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