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una frontera para morir ciudad juarez
EL NACIONAL - DOMINGO 9 DE JULIO DE 2000 SIETE DIAS El infierno queda en Ciudad Juárez Una frontera hecha para morir Es uno de los cordones umbilicales más siniestros entre México y Estados Unidos. Para unos, la última parada antes de jugarse a cruzar ilegalmente la frontera. Para otros, un hervidero de prostíbulos y dealers desesperados por dólares. Desde 1993 hasta ahora, en Ciudad Juárez ha aparecido 200 cadáveres de mujeres violadas, mutiladas y estranguladas. Todo apunta a la industria del cine snuff. Pero nadie consigue avanzar en el caso y los cuerpos siguen apareciendo hasta en las comisarías Pablo Tasso México Ciudad Juárez es conocida por los sureños de Texas como el lugar donde la noche dura 24 horas. Está al norte de México, en el estado de Chihuahua y junto a El Paso, en la frontera con Texas. Juárez es, como Tijuana, la última ciudad mexicana por la que pasan los miles de mexicanos que entran todos los días a Estados Unidos, dejando atrás su "infierno frijolero", como los norteamericanos del sur llaman a México. Es la ciudad con más alto índice de porte de armas del país, y también la que eligió Amado Carrillo -el magnate del narcotráfico- para fundar el poderoso y temido Cartel de Juárez. Y quizá sea, por si fuera poco, la ciudad en la que impunemente se está filmando cine snuff. Un cine que se caracteriza por mostrar asesinatos cometidos con el solo objetivo de registrar la escena. Las calles de la ciudad huelen a alcohol y a sexo rancio, sencillamente porque hay casi 4.000 bares y cabarets y apenas unas 700 escuelas. A diferencia de los establecimientos educativos, los Table Dance no se detienen en todo el día, porque la demanda sexual no tiene horarios en Juárez. Por eso, cruzar la frontera es un atractivo no sólo para los mexicanos que buscan dólares. Cada día, miles de estadounidenses la cruzan en sentido contrario, atraídos por el sexo barato y bizarro que se les ofrece en la ciudad. La droga es el otro gran atractivo: un gramo de coca cuesta cinco dólares, y una dosis de heroína, apenas 10. Nadie sabe cuánto se consume exactamente en la ciudad, pero se calcula que el Cartel de Juárez es el que maneja la mayor parte de las más de 200 toneladas de cocaína que entran a Estados Unidos desde México. Además, es un hecho que por lo menos 10 personas mueren al mes en Juárez por sobredosis. Sin embargo, estos no son los únicos componentes de una frontera caracterizada por la desigualdad económica entre dos países tan diferentes. La economía de la ciudad no sólo vive de la droga y el turismo erótico, sino también de las muchas empresas norteamericanas que radicaron sus plantas maquiladoras a este lado del Río Bravo, como una forma de abaratar los costos de mano de obra. La industria del ensamblaje y la manufactura tiene un papel fundamental en la realidad de los inmigrantes, porque en el imaginario de muchos de ellos el trabajo de maquila es la última pesadilla laboral antes de ingresar al sueño del trabajo pagado en dólares. Sin embargo, para muchos la pesadilla nunca termina, porque la Border Patrol (la patrulla fronteriza) de EE UU se encarga de que muchos se queden del lado mexicano, entrampados en una larga cadena de montaje. Muchas mujeres se sumergen en la prostitución para conseguir el dinero que les cobran los coyotes, como se denomina aquí a los traficantes de ilegales. Los coyotes se encargan de evitarles una amarga travesía a pie por el desierto o la montaña, aunque no les garantizan dejarlas en un lugar completamente seguro. Ha habido casos de deportaciones masivas minutos después de que el coyote dio por cumplido su trabajo. La policía norteamericana se ha puesto cada día menos amistosa, y cada vez son más los que se empantanan en Juárez, subsistiendo en gigantescos barrios construidos con cartón-piedra y tablas viejas. Hoy, la historia de Juárez es la historia de los que no pudieron pasar y viven con esa remota esperanza; de los que nacieron mirando al otro lado, de los que sucumbieron en el intento, y de los que día a día siguen llegando. Más de 200 La ciudad se ha acostumbrado a una violencia callejera que consiguió el estatus de cierta normalidad y ya no asusta. Hace unos años comenzó una ola de asesinatos de mujeres que no se detiene hasta hoy. Una ola que tampoco ha alcanzado para horrorizar al resto del país, aunque sí para convocar a periodistas de todo el mundo, ansiosos por explicar el comportamiento de tan extraños asesinatos en serie. Desde el 93 hasta la fecha se han encontrado más de 200 cuerpos de mujeres muertas, a veces mutiladas y violadas, tirados en los basurales, en el desierto, al costado de rutas o debajo de las camas de los numerosos alojamientos que tiene la ciudad. Las organizaciones interesadas en las muertes coinciden en que si el Gobierno ha registrado esa cantidad de casos, la cifra de muertas debe alcanzar por lo menos el doble, ya que se trata de cadáveres encontrados por casualidad, o porque el o los asesinos los dejaron con la intención de que fuesen fácilmente descubiertos, o porque la impunidad es tal que ni siquiera se consideró la necesidad de esconderlos. Sólo una cantidad mínima de cuerpos fue reclamada y/o reconocida por familiares. La razón principal es que muchos de los habitantes de Juárez no poseen un pasado ni una familia en la ciudad. A Juárez llegan muchas jóvenes solas para cruzar la frontera, principalmente de los estados de Durango, Zacatecas y el propio Chihuahua. La única promesa que pueden hacerle a su familia es que llamarán por teléfono al llegar al otro lado. Pocas prevén lo difícil que puede resultarles sobrevivir en el límite, especialmente en una ciudad donde la noche dura 24 horas. Non fiction El más común de los sentidos descarta que exista un "asesino serial" con tamaña efectividad. Pero, como si realmente se tratara de un serial killer, los crímenes poseen víctimas cuidadosamente elegidas. El periodista Víctor Ronquillo, autor del libro Las muertas de Juárez, asegura que las mujeres no superan los 30 años de edad, la mayoría tienen entre 15 y 20, son muy pobres o sin familia, morenas, delgadas, y con el pelo a la altura de los hombros. La hipótesis del homicida múltiple hace tiempo que fue descartada por la policía local, y no sin pena, porque luego de jactarse de haber atrapado al "Chacal" -así presentaron al egipcio Abdul Latif Sharif Sharif, acusado y condenado a 30 años de prisión-, los crímenes siguieron cometiéndose con la misma regularidad y metodología. Diferentes investigadores -incluso agentes del FBI- aseguraron que no se puede establecer el perfil psicológico de un único asesino, sino que hay que pensar en diferentes grupos, que probablemente asesinen de la misma manera. Muchos coinciden en que la ineficiencia policial permite que nuevos asesinos imiten el modus operandi de los anteriores. La ola es tal que hasta metió sus narices el famoso ex investigador del FBI Robert Kessler, aquél que en los años 70 acuñó el término serial killer, y que últimamente está dedicado al asesoramiento literario y televisivo (no sólo asesoró a Thomas Harris, autor de El silencio de los inocentes, sino que se dice que es el modelo del mismísimo agente Mulder de Los expedientes X). Pero Kessler poco pudo decirle a la prensa sobre una situación cuya complejidad es ante todo social, política y económica. Se limitó a sugerir la complicidad de la policía y a señalar que las obreras de la ciudad se ven obligadas a caminar de madrugada por zonas que él mismo no se atrevería a transitar de día y armado hasta los dientes. En Juárez, la maquila, como los prostíbulos, también funciona las 24 horas. Es difícil saber cuál fue el diagnóstico oficial de Kessler, porque el resultado de su investigación fue borrado por personal de cómputos perteneciente a la policía judicial "de la gestión anterior", según explican las autoridades actuales. Macabridades En una comunidad dominada por el dinero del narcotráfico, con un alto índice de prostitución y consumo sexual, pobreza extrema y corrupción policial, cualquier hipótesis es mejor que la de un único psicópata que mata a 200 mujeres. Algunos especulan con el negocio del tráfico de órganos. Otros, con una "simple violencia misógina" (sic). Pero una de las tantas hipótesis que desde el principio recorre las calles de Juárez es la del "cine de extinción" o snuff movies. Algunos elementos comunes a muchas de las muertes parecen admitir esa posibilidad: 1) gran parte de los asesinatos fueron por estrangulamiento, lo que supone una muerte lenta, luego de reiteradas violaciones anales y vaginales; 2) en muchos cuerpos, el pecho izquierdo apareció completamente cercenado y el pezón del derecho arrancado a mordiscos (en estos casos, la causa de muerte fue la misma: estrangulamiento); 3) se pudo establecer que muchas de las víctimas habían permanecido varios días en cautiverio antes de morir (esto sólo se comprobó cuando el reclamo familiar permitió identificar los cuerpos, y tras contrastar el día de la desaparición con la fecha de muerte calculada por los médicos). Lo cierto es que en Juárez todo parece tristemente cinematográfico, demasiado cruel para ser verdad. En una de las cabañas en las que se llevaron a cabo varios crímenes, se encontró una tabla que bien pudo ser la escenografía de un rito macabro. La tabla tenía los dibujos cuidadosamente realizados de 10 mujeres, cada uno con su número correspondiente. Sobre ellos, restos de cera de vela y sangre. La policía incautó la tabla, y la prueba automáticamente desapareció. Quedan los testimonios de quienes encontraron la cabaña y los restos de la supuesta víctima número 10. En medio de tanto horror, parece impensable que los asesinos puedan dar muestras de humor negro. Sin embargo, en 1997 la policía encontró un cuerpo con las características de una mujer denunciada como desaparecida. Cuando los padres de la muchacha acudieron a la identificación, comprobaron que la ropa pertenecía a su hija, pero que el cuerpo descompuesto no era el de la muchacha, sino de otra víctima que medía casi 15 centímetros más que la chica buscada. Quizás esto hable de que ambas muchachas estuvieron secuestradas por las mismas personas. Otro elemento de difícil explicación es que en algunos cuerpos se encontró un líquido blanco y viscoso como el semen, pero que en realidad era una especie de esperma de utilería, sin información genética alguna. Nadie ha logrado explicar qué puede significar ese líquido en las vaginas de aquellas mujeres. Hay algo cierto: el snuff no puede ser el responsable de todas las muertes de Juárez; ni siquiera de la mayoría, que seguramente obedecen a un clima de impunidad, descontrol y exacerbación sexual. Tampoco se puede asegurar que se haga snuff, aunque off the record hay gente que dice conocer a alguien que alguna vez vio un video. Lo que sí puede decirse es que Ciudad Juárez se ha ganado el triste rótulo de ser una ciudad ideal para el snuff. Un cineasta ahí La policía local contribuye al clima. No sólo se le acusa de custodiar y participar del mercado porno marginal, y de vivir de las comisiones que le proporciona el narcotráfico, sino de tener una responsabilidad directa en muchas de las muertes de estas mujeres. No sólo hay una frondosa lista de policías asesinos de mujeres, sino que incluso llegaron a encontrarse cadáveres en las mismas instalaciones policiales. El Poder Judicial no levanta la puntería. Mientras los policías asesinos consiguen fugarse, la línea de investigación que llevó a
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